5 mitos del periodismo que se derrumban con el libro de Julia Cagé

En el post ‘Una innovadora propuesta para “salvar los medios de comunicación”’ ya le habíamos dado una mirada inicial a la propuesta de la economista francesa Julia Cagé, autora de un ensayo que ofrecía una solución para la crisis que afecta a la industria de los medios. En la lectura en profundidad de su libro (“Salvar los medios de comunicación. Capitalismo, financiación participativa y democracia”), nos encontramos con otros puntos que nos completan el panorama actual del negocio. En su argumentación, la autora presenta datos reveladores y cuestionamientos válidos a partir de ejemplos, que contradicen supuestas verdades extendidas entre periodistas, especialistas y gurús. Hicimos un recuento de los principales.

1. Internet mató al periodismo impreso (la caída venía desde décadas atrás).

Es muy común escuchar o leer que la naturaleza de la web (contenidos multimedia producidos y consumidos en cualquier lugar y momento, y su intensificación con el periodismo digital y la instantaneidad de las noticias) son el factor más determinante de la caída de los diarios impresos.

La autora precisa, con estadísticas en mano, que los ingresos de los medios en papel ya venían disminuyendo desde hace varias décadas. Concentrados casi al 100% en concentrar publicidad, no supieron prever el ingreso de nuevos soportes y las consecuencias de la revolución digital en diferentes frentes, como el marketing y la publicidad.

Una parte de esta última migró hacia la radio primero y luego a la televisión. Con la aparición de la World Wide Web, pasó lo mismo. ¿No es en varios casos más efectivo el marketing directo y medible a través de las redes sociales que los avisos publicitarios en periódicos o TV, cuyo éxito puede ser discutible?

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El gráfico anterior muestra que, en Estados Unidos, los ingresos publicitarios de los periódicos disminuyen desde 1955, aunque sobre todo desde el 2000, años antes de la crisis económica estadounidense que sacudió al mundo.

 

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Es más, en algunos países como Francia la publicidad dejó de ser la fuente predominante del volumen de negocio de los periódicos desde hace décadas. Y según Cagé, esta representa una minoría en el caso del influyente The New York Times.

Por supuesto, la publicidad no es la única culpable. Pero sí la que ocasionó el vértigo, que dentro de un modelo de negocio de accionariado resultó fatal.

Dicho esto, lo que sí hizo Internet y la creciente audiencia online de los medios, fue acelerar la crisis. En ese momento nos encontramos hoy, con muchas cabeceras que ya son parte de la historia y otras aplicando distintos modelos para subsistir. Ninguno de ellos de comprobado éxito, eso sí, con lo cual el futuro resulta incierto.

 

2. Las noticias son commodities (la información como bien público que debe ser cuidada por el Estado)

Con la multiplicación de la información en internet, con sus pro y sus contra (más medios y puntos de vista, ‘copy-paste’), hay quienes argumentan que la noticia se ha convertido en un ‘commodity’, en un producto que llega a todos por igual, en cualquier momento y en cualquier lugar, sin diferencial que le dé valor. Y que, por ello, la información periodística de un diario debe basarse en enfoques de fondo, dejando de lado la noticia del día a día.

Cagé se opondría totalmente a esta visión del núcleo del periodismo. Para la autora, la información debe ser considerada un bien público, tal como lo es la educación o la salud. En este caso, porque es fundamental para el buen funcionamiento de la democracia.

La información noticiosa resulta vital para la sociedad, por ello el Estado debe proteger a quienes la producen, es decir, los medios de comunicación. Pero para que esto sea viable, el contenido debe ser relevante. Se refiere a temas políticos y de interés general (llámese economía, sociedad, internacional). No habla de entretenimiento.

Así las cosas, no se trata de analizar la realidad sin noticia, sino de investigar y hacer seguimiento a lo noticioso en tanto es importante para la sociedad. ¿Cómo protegerá esto el Estado? Lo vemos en el último punto.

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Portada del libro de Julia Cagé en su versión en español

 

3. El ‘clickbait’ salvará al periodismo (modelo de clics y banners)

La también economista es tajante al afirmar que no importa el soporte, sino la información de calidad de los medios. Y si se quita el foco a la publicidad como gran método de ingresos, pues el supuesto modelo de negocio de los medios en internet –llámese los clics (visitantes únicos y páginas únicas) y la publicidad como causa y consecuencia- se cae.

Cagé no se queda ahí y cuestiona lo que ella llama “la ilusión de las millonarias audiencias de Internet”. En concreto, precisar los cálculos de las audiencias de papel y web. Por ejemplo, el New York Times tuvo alrededor de 54 millones de visitantes únicos en enero del 2015, lo que significa menos de 7 millones de visitantes al día. ¿Y el papel? Al día lo adquieren 650.000 personas, una cifra sin duda muy inferior. Sin embargo, si se toma en cuenta –como se debería- el número medio de lectores por compra, el número crece muchísimo. El NYT tiene 6,5, con lo cual, una vez hecha la multiplicación, arroja unos 4,2 millones de lectores diarios. La brecha, entonces, no es tan alejada como se suele hacer creer. Y ello, sin contar que el tiempo de lectura y de páginas leídas es mucho mayor en el impreso que el tiempo de permanencia y página vistas que en internet (comentario aparte, llama la atención la diferencia de términos: lectura vs. permanencia y vistas).

En una sociedad sin ánimos de lucro como gran propuesta para salvar a los medios de comunicación (lo explicaremos luego) la información de calidad es primordial sin importar si es en papel o en web, así que el clickbait es prescindible. Esto último solo representa un alivio coyuntural y jamás un remedio.

 

4. Los millonarios salvarán al periodismo (Bezos y Cia.)

Una coyuntura ilusoria se vive hoy en día. Multimillonarios se han hecho de la propiedad de medios de comunicación, inyectando dinero y frescura, algunos de la mano de la tecnología. Pensamos aquí, por ejemplo, en Jeff Bezos, el magnate de Amazon que ahora es dueño del influyente Washington Post.

¿Es la salvación de los medios? Es difícil saberlo, pero en el fondo no da ninguna seguridad. Con el poder económico concentrado tan drásticamente, es comprensible dudar de la producción de una información que no sirva a intereses particulares, es decir, que sea independiente. Cagé pone como ejemplo a los hermanos Koch en Estados Unidos, adinerados que financian el Tea Party y son muy cercanos a Fox News.

Y aún si sus intenciones fueran positivas, ¿luego de ellos, qué? ¿En qué manos reposarán los medios? ¿Los hijos? Sería igual que una empresa familiar.

 

5. El periodismo impreso no tiene salvación (propuesta de nuevo modelo al detalle) sea cual sea el soporte

Sí la tiene, según Cagé, pero se debe cambiar el enfoque al momento de enfrentar el problema. Se debe dejar de rivalizar entre impreso y digital. Como mencionamos anteriormente, el periodismo debe buscar su salvación en su modelo de negocio y no en el soporte.

Lo primero es dejar de lado la publicidad y su consecuente peligro para la independencia de la información. Luego, evitar pensar en que el dinero se concentre en reducidas personas y, por lo tanto, estar a merced de sus deseos, intereses, influencias o familias.

Así nace “la sociedad de los medios de comunicación sin ánimos de lucro”. Entendida como una sociedad que toma el carácter de fundación con donaciones ilimitadas, pero limita el derecho a voto de los aportantes mayoritarios y le da voz a los minoritarios (que incluso pueden ser lectores y hasta trabajadores, en una suerte de crowdfunding), en un intento de equilibrar –hasta cierto punto no más- la balanza y garantizar que no habrá concentración de poder.

¿Por qué los filantrópicos deberían dar su dinero si no habrá retorno de inversión e incluso su capital estará congelado? Pues, aunque pueda parecer iluso, porque de esta manera garantizarán que sus aportes no tienen segundas intenciones y contribuirán a un producto necesario y útil del cual sentirse orgullosos.

Esto, además, va de la mano con la protección del Estado, que subvencionará a estas sociedades y otorgará beneficios fiscales a las donaciones, en tanto se considere a la información como un bien público cuya existencia y buen trato es indispensable para la sociedad y la democracia.

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